El océano Atlántico atraviesa una temporada de huracanes sin precedentes en la era de observación satelital: este sábado se estableció el récord del período más prolongado sin una tormenta con vientos de 119 km/h (74 mph), el umbral a partir del cual se clasifica como huracán.
Según Phil Klotzbach, especialista de la Universidad Estatal de Colorado, la actividad ciclónica acumulada equivale apenas al 7 % de lo habitual para esta altura del año. Hasta el momento, solo se han formado cinco tormentas tropicales (Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly y Edouard), todas débiles y de corta duración, muy por debajo de las ocho tormentas y tres huracanes que en promedio ya se habrían registrado en una temporada normal. El hito supera los récords anteriores de formación tardía de huracanes, establecidos en 2002 y 2013, y no se prevé la aparición de un huracán al menos durante la próxima semana.

Especialistas consultados por The Associated Press coinciden en que el principal responsable de esta calma es El Niño, el calentamiento temporal de sectores del Pacífico ecuatorial, que en 2026 se perfila como uno de los episodios más intensos desde 1950, según la NOAA. Este fenómeno aumenta la cizalladura del viento en el Atlántico (lo que impide que las tormentas se organicen e intensifiquen) y desplaza la actividad ciclónica hacia el Pacífico oriental y central, donde se han formado 16 y 20 tormentas con nombre, respectivamente, frente a las cinco del Atlántico. La única excepción es el Golfo de México, donde la cizalladura no se ha mantenido elevada, por lo que los expertos advierten que aún podrían formarse sistemas fuertes en esa zona más adelante en la temporada, que se extiende hasta el 30 de noviembre. La calma actual, advierten los meteorólogos, no elimina el riesgo de huracanes tardíos pero destructivos, como ocurrió con el huracán Andrew en 1992.





