Horas después del terremoto que sacudió a Panamá el 9 de octubre, el presidente Abelardo de la Espriella ofreció «toda la disposición» de Colombia para brindar asistencia al país vecino. El gesto llega a un día de que se cumplan dos meses del sismo de magnitud 7,4 que devastó el centro-occidente colombiano, cuyos damnificados siguen esperando que la reconstrucción se convierta en ayudas concretas.
«¡Panamá no está sola! Cuenten con el respaldo de Colombia y con toda nuestra disposición para brindar la asistencia que sea necesaria», escribió el mandatario en X, y expresó su «solidaridad y afecto al hermano pueblo de Panamá y a su Gobierno». Hasta ahora, los reportes de prensa solo registran el ofrecimiento, sin un envío concreto de ayuda, y los primeros balances en Panamá hablaban de daños puntuales, como la caída de la torre de una iglesia y el colapso de un hotel en Penonomé, y sin víctimas confirmadas. En Colombia, la gobernadora del Chocó informó que los municipios fronterizos no sufrieron afectaciones.
El contraste está en casa. Según cifras oficiales citadas por medios nacionales, el terremoto del 10 de agosto afectó a más de 466.000 personas en 497 municipios y dejó 36.327 viviendas destruidas. El Fondo Milagro, anunciado por el presidente dos días después del sismo, solo fue constituido jurídicamente el 9 de septiembre y no comenzó a operar hasta el 7 de octubre, con un primer billón de pesos. Días antes, la representante Catherine Juvinao había denunciado en la Cámara que el fondo «no existe» y que los dineros donados por otros países no reposaban en él. El propio balance del arranque reconoce que el desafío será convertir esos recursos en obras y ayudas concretas.
El Gobierno sostiene que la reconstrucción ya entró en una nueva etapa. El presidente aseguró que «se acabaron los anuncios» y que ahora viene ejecutar, y prevé sumar $2,7 billones en noviembre para llegar a unos $4 billones. Defensores del ofrecimiento a Panamá recuerdan, además, que la solidaridad entre vecinos es una práctica diplomática habitual que no compromete recursos por sí sola. Aun así, la pregunta de fondo sigue abierta: a dos meses del terremoto, ¿cuándo sentirán los damnificados colombianos la misma urgencia con la que el Gobierno se pronuncia sobre emergencias en el exterior?





