Un equipo internacional de ornitólogos propone que la pava de monte de la Sierra Nevada de Santa Marta deje de ser una subespecie y sea reconocida como especie propia, exclusiva de Colombia.
La pava que habita en los bosques húmedos de la Sierra Nevada de Santa Marta podría no tener parientes idénticos en ningún otro lugar del mundo. Así lo plantea un estudio publicado en la revista científica Ibis, que propone separarla de la pava camata de los Andes y reconocerla como una especie distinta.
Si la propuesta es aceptada, el ave pasaría a llamarse pava de Santa Marta (Penelope colombiana) y se sumaría a la lista de especies endémicas del macizo, es decir, que solo existen allí.
Distinta a la vista y al oído
Hasta ahora, la ciencia reconocía tres subespecies de pava camata (Penelope argyrotis): una en los Andes de Colombia y Venezuela, otra en la Serranía de Perijá y una tercera solo en la Sierra Nevada. Para saber si eran realmente la misma especie, los investigadores compararon su aspecto y sus sonidos, con apoyo de fotografías y observaciones en campo.
Las diferencias saltan a la vista. La pava de la Sierra tiene los ojos color marfil dorado, mientras que la andina los tiene marrón oscuro. Además, la samaria tiene la piel de la cara gris oscura, alas más cortas, la punta de la cola más oscura y patas de un rojo más intenso.
También suenan distinto. Su canto al amanecer es más largo y pausado, con saltos de tono que los autores comparan con el yodel, el canto tradicional de los Alpes. Y el zumbido que producen con las alas durante sus exhibiciones es un solo sonido continuo y corto, mientras que en las pavas andinas tiene dos partes separadas por una pausa. Para los autores, estas diferencias son mayores que las que separan a otras especies ya reconocidas del mismo género. Las dos poblaciones están separadas por unos 120 kilómetros de tierras secas en la cuenca de los ríos Cesar y Ranchería.
Un orgullo más para la Sierra
La Sierra Nevada de Santa Marta, que comparten Magdalena, La Guajira y Cesar, ya es conocida por albergar especies de aves que no existen en ningún otro lugar. Sumar una pava a esa lista refuerza la importancia de proteger sus bosques de montaña, incluidos los de la zona rural de Ciénaga.
Los investigadores también destacan el papel de la bioacústica, es decir, el estudio de los sonidos de los animales, para distinguir especies que a simple vista se parecen. Y resaltan el valor de observar a las aves vivas: colores como los de los ojos, la cara o las patas se pierden en los ejemplares guardados en museos.
Lo que falta
Por ahora se trata de una propuesta. Para que la pava de Santa Marta sea reconocida oficialmente, la clasificación deberá ser evaluada por los comités científicos que ordenan las aves del mundo, como el Comité de Clasificación de Suramérica (SACC) de la Sociedad Americana de Ornitología.





